
Una vez llegados a la iglesia, se veía cansada e irritable. Sin embargo, no quiso sentarse directamente en el sitio señalado. Insistió en esperar la llegada de la novia. Cuando llego Jenny, no pude verla bien. Mi madre se puso de pie, y tomados del brazo me llevó al altar. “Despacito” fue lo único que dijo.
Cuando giré para ver la entrada de Jenny, quedé anonadado. Era realmente, la novia más bella que había visto jamás. Fue muy emocionante.
Mi madre debió permanecer sentada toda la ceremonia, tomados de la mano. Cuando debí tomar la mano de Jenny, ella se levantó y me entregó.
Más tarde en la fiesta, se quedó hasta muy entrada la noche, para que mi familia que venía con ella pudiera cenar. Ella misma comió. Aproveché de presentarle a mucha gente importante para mí. Cuando se retiró, le dije:
“Gracias por venir”
A lo que respondió:
“Será lo último que haga”
Le tomé la mano y dije: no, mamá.
El día 30 de Enero, mi papá me llamó diciendo que estaba mal, y que ya no querían hacerle quimioterapia ni nada, sino que muriera tranquila en la casa de sus padres en Molina. De modo que al día siguiente, 31 de Enero, día de aniversario de matrimonio de mis padres, regresaron de Hospital a Molina. Mi madre, débil por no haber comido desde el sábado, pero muy lúcida, conversaba y peleaba con mi hermana. Al tratar de darle agua, mi mamá movió un brazo y provocó un pequeño accidente. Mi hermana, tan suave le dijo: “mira lo que me hiciste hacer”. Mi mamá, fiel a su espíritu brusco, le dijo: “cierra la boca”. Hoy, esas frases tan duras, tan características de ella, nos sacan sonrisas.
Sin aviso, sin muestras aparentes de gravedad, falleció unas horas más tarde, mientras esperaba el suero que traía mi papá desde el hospital de Molina.
Fue sepultada por todos nosotros quienes la amamos y admiramos. Y se despidió en grande, haciendo el máximo sacrificio por mí, su hijo.
Siempre te amaremos mamá. Ojalá podamos ser tan valientes como tú.
Tu Lolito.
